sábado, 21 de junio de 2025

1ºA LA NUEVA ETAPA

1º- A. LA NUEVA ETAPA 

 Soy mujer, madre y viuda. Vivo en un pueblecito llamado Quebradero situado en la provincia de la Inocencia, pero como después del fallecimiento de mi marido mi estado de ánimo se arrastraba más que otra cosa, mi hija se ha empeñado en que vaya a vivir a la ciudad, al menos los inviernos. Concretamente a Zaragoza, que es donde ella vive. 

 En realidad, no estoy convencida. Es un gran esfuerzo sólo pensar en tener que adaptarme a la velocidad de una ciudad. Los coches, los ruidos, las prisas, la contaminación, y qué decir de tener que vivir en el hueco de un edificio con más huecos todavía, donde vivirán otras personas, familias… Yo que estoy acostumbrada a la tranquilidad de Quebradero, la verdad, no sé cómo resultará eso. 

 De momento he quedado con mi hija en que lo mejor es que alquilemos un pisito cerca de su casa. Así en cualquier momento tenemos fácil estar juntas, y en caso de necesitarnos, todo resultará más sencillo. Yo no quiero ser una carga porque ni mi condición física ni mi edad corresponden con un lastre, y tampoco mi carácter, sea dicho de paso. 

 Ahora estamos en el punto de decidir entre dos pisos que por zona convendrían. Uno en avenida César Augusto, y el otro en Conde Aranda; calles muy próximas. 

 El caso es que acabamos de ver el piso de avenida César Augusto; un pisito mono y recogido, pero al que le falta luz; y eso sí que, viniendo del pueblo, lo echaría mucho en falta. Así que depositamos nuestras esperanzas en el de Conde Aranda. 

 En una hora habíamos quedado con el propietario, por lo que nos acercamos al mercado central para hacer tiempo y comprar alguna cosa que pudiéramos necesitar. Este mercado me encanta, es precioso, ¡y tiene un montón de puestos con todo tipo de géneros!, además de una clientela de lo más variada. 

 Bueno, ya vamos camino del pisito de Conde Aranda. Estoy un poco nerviosa porque si no me gustara no tendría más posibilidades en esa zona, y la proximidad con mi hija es importante. 

 Cuando llegamos al portal nos está esperando, para nuestra sorpresa, no el dueño sino el conserje. Se presenta como Remigio, conserje de la comunidad de vecinos y persona de confianza del propietario del piso en el que estamos interesadas. Él va a ser quien nos lo enseñe y nos responda a las dudas que puedan surgir. Subimos a la primera planta. Parece ser que hay dos pisos por rellano. El nuestro, (bueno, ya veremos) es el A. Cuando Remigio abre la puerta, la primera impresión es muy buena. Tiene mucha luz y me hace sentir una calidez inesperada. La entrada es pequeña. Al principio del pasillo a mano izquierda hay una habitación que da a Conde Aranda. Me pone muy contenta porque además tiene un silloncito delante de la ventana en el que me acabo de sentar y me hace sentir como si llevara ahí toda la vida. Puedo ver a la gente por la calle, entradas y salidas de los comercios, y hasta a personas, que supongo, viven en este mismo edificio, porque se ve un cierto trasiego de gente entrando y saliendo del portal. Me fijo en que salen dos señoras, una de ellas vestida un poco hippy. Bueno, que le estoy cogiendo gusto a esto y tengo a mi hija mirándome con cara de: ¡venga mamá! y al tal Remigio con la de: ¡señora que es para hoy! No había visto el resto, pero lo tenía decidido; ese piso era el mío. 

 Y llegó el día del traslado. Cogimos un par de maletas, que son con las que llegué de Quebradero, y después de atravesar el umbral dije en voz alta y alegre: ¡ésta es mi casa! 

 En estas que se abrió la puerta de enfrente y apareció, precisamente, una de las dos señoras que vi desde la ventana el primer día, la que tenía un aire hippy, diciendo: Aayy perdón creía que llamaban a la puerta. Y yo, que soy muy sociable, todo sea dicho de paso, enseguida le dije: soy la nueva vecina, me llamo Lucía, estoy de alquiler, y ella es mi hija Regina. Rápidamente, y contenta por el saludo, ella dijo: yo soy Olivia y aquí vivimos, mi hermana Berta y yo. Llevamos muchos años en esta comunidad de Conde Aranda, y ya verá como no tendrá tiempo para aburrirse. La verdad es que no le di importancia al comentario, pero algún tiempo después, lo pude entender…

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